La bendición y la Maldición

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En la historia bíblica nos encontramos al inicio con que Dios creó un mundo perfecto, en este mundo Dios creo plantas, animales y seres humanos y los bendijo.

La bendición de Dios es algo que todos deseamos en la vida, para todo lo que hagamos. No obstante, en la Biblia la bendición tiene un sentido más específico: la gracia de Dios.

La bendición es un don de Dios que perfectamente en nuestro entendimiento sobre el Creador, sin embargo, pensar que Dios también puede promulgar maldición es algo que nos causaría conflicto dado a que Dios es un Dios de amor según las Escrituras.

Entonces ¿Cómo es compatible que Dios otorgue bendición y maldición?

Si analizamos el comienzo en el huerto del Edén, Dios bendijo a la creación incluyendo Adán y Eva. El goce de esa bendición también incluía responsabilidades como cuidar del huerto y ser obedientes a las normas establecidas por Dios. Pero, cuando ellos pecaron Dios los castigo. Dios maldijo a la tierra, al hombre con trabajo duro, y a la mujer con dolores de partos, y a la serpiente con arrastrarse por tierra.

El Creador es el único que puede decretar ambas en el sentido absoluto. La Biblia presenta de manera constante a Dios estableciendo a la humanidad una elección entre la vida y la muerte, la bendición y la maldición (Deuteronomio 11:26-28; 30:19).

Por consiguiente, Dios bendice soberanamente (Números 6:24-26). Porque Él es la fuente de bendición (Efesios 1:3). Como también maldice soberanamente (Deuteronomio 28:15-68; Malaquías 2:2). Pero en el caso de la maldición, es el resultado de no haber aprovechado la primera opción.

Ningún ser humano puede decretar bendición o maldición en el sentido absoluto, judicial o eterno, pero si puede hacerlo como delegado. [Este es otro tema]

En el Nuevo testamento, nosotros tambien podemos tener la capacidad de elegir entre lo uno y lo otro. No obstante, queda reflejado un aspecto clave aquí: Aunque Dios sea la fuente de bendición, No es Dios quien decide arbitrariamente a quien debe bendecir y a quien desea maldecir. La recepción de la bendición como de la maldición depende únicamente del individuo. Es decir, mediante nuestra propia elección.

Comprendiendo esto, podemos enfocarnos en que son los siguientes términos.

La Bendición.  

No es, suerte. Ni prosperidad material, ni circunstancias favorables. Poseer riqueza material no significa que sea el resultado de una bendicion de Dios. Porque si asi fuera el caso, entonces muchos creyentes del pasado no fueron bendecidos. Entre ellos: Juan el bautista, la viuda pobre que fue elogiada por el Señor. Maria y José, etc.

Lo que es:

  • Incluye el beneficio o resultado de cumplir con lo que Dios ha establecido.
  • Si Dios es presentado como el Creador, tiene todo sentido que busquemos cumplir de buena voluntad lo que ha ordenado. Pues es el que tiene el manual perfecto para poder disfrutar de la vida.
  • Tambien se observa en las bienaventuranzas (Mateo 5:3-12).
  • El evangelio es una bendición de Dios para el creyente. Esto es una realidad profunda de la Biblia. Da vida (Juan 3:3-5), libertad (Juan 8:36), salvación (Romanos 1:16), da comunidad (Efesios 4).
  • En la práctica: ayuda a la familia “Padres, hijos, matrimonio” (Efesios 5 y 6; Colosenses 3 y 4); al trabajo y negocios (Colosenses 3:22-4:1). Como individuo en la sociedad (Romanos 13); con el gobierno (Tito 3; 1 Pedro 2). Etc. Con la mayordomía “para ayudar al que padece necesidad” (Efesios 4:28). Y nos ayuda a mantenernos lejos de lo que hace mal, y reprender las tinieblas (Santiago 1:25; Efesios 5:8-14).

La Maldición. No es: brujería. Ni una decisión arbitraria de Dios.

  • La maldición es la reacción judicial de la santidad de Dios e ira justa frente al pecado, la rebelión y la profanación del orden moral.
  • También puede entenderse como corrupción o ausencia de bien.
  • Desde la perspectiva de la Escritura la maldición puede estudiarse en dos aspectos.
  • Acto punitivo “castigo”
  • Acto pasivo, “Dios deja al pecador caer en un estado de abandono por su propio pecado”. Pablo desarrolla esta idea en Romanos 1:18-28. basta con que el Creador retire Su mano preservadora para que la criatura experimente el colapso moral, el sufrimiento y la destrucción que son intrínsecos al pecado (Proverbios 26:27; 29:6).
  • Es entregada a inmundicia…
  • Es entregada a pasiones vergonzosas…
  • Es entregada a mente reprobada…
  • En el tiempo presente, las maldiciones y juicios temporales de Dios poseen frecuentemente un carácter medicinal o paternalmente disciplinario. Su propósito no es la destrucción definitiva del individuo, sino el quebrantamiento del orgullo, la producción de contrición y la restauración de la comunión (Hebreos 12:4-11; Salmo 39:11). De manera más sencilla es la aplicación de la “siembra y cosecha” sembrar para carne y cosechar corrupción.

Una persona que vive en desobediencia no ha de prosperar, porque el pecado destruye. Proverbios 13:15. Sin embargo, vale la pena aclarar que la prosperidad en la Biblia no es solo dinero, es un bien integral “el ser completo”.

  • Es una elección personal.

Conclusión:

¿A quién no le gusta ser bendecido por Dios? ¿Y a quién le gusta la maldición? Proverbios 10:22 enseña que la bendición del Señor enriquece y no añade tristeza. Quien confía en Dios y obedece sus caminos será, como declara Jeremías, “como el árbol plantado junto a las aguas”, que no teme cuando llega el calor y no deja de dar fruto (Jeremías 17:7-8). Por tanto, la bendición bíblica no debe reducirse a bienestar material ni a circunstancias favorables; consiste, ante todo, en vivir bajo la gracia, el orden y el propósito de Dios.

Del mismo modo, la maldición no es una decisión caprichosa de Dios , sino la consecuencia justa y dolorosa de apartarse de la voluntad del Padre. Cada persona es llamada a examinar el rumbo de su vida y a escoger con responsabilidad. En Cristo, Dios ofrece vida, reconciliación y una nueva manera de vivir; por eso, elegir la bendición significa responder y perseverar, procurando que su gracia también alcance a la familia, la iglesia y la sociedad. Así, la enseñanza bíblica no termina en el temor al juicio.

Por último, la decision de recibir la «bendición o la maldición» es totalmente nuestra y no de Dios.

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