
Hace unos meses, viendo las noticias internacionales, es sorprendente cómo muchas personas perdieron su hogar a causa de los desastres naturales. En el reportaje una señora en el Sur de Brasil dijo que tenía 58 años de vivir allí y nunca se había inundado de esa manera.
Pensando un poco, ¿Cuánto tiempo y dinero le habrá costado a esas personas tener un hogar propio?. El valor promedio de una casa modesta puede estar entre 20,000 mil a 50,000 dólares. En Asunción, arriba de 200 millones de guaraníes una casa a estrenar como mínimo.
Nadie consigue ese dinero tan fácil. Probablemente algunos de ellos [Brasil] debieron hacer un préstamo y pagarlo por años, si pidio 100 deberá devolver el mismo monto más el interés. Lo cuál se traduce en menos tiempo de ocio, mayor presión para cumplir con los pagos, incluso bajo el riesgo de que puede perder el trabajo mientras tiene la deuda. Para que al final de todo, la lluvia destruyó todo en un par de días.
La pregunta que podemos hacernos es ¿A dónde ir si no se cuenta con un seguro? Un seguro es un mal necesario hoy. Seguro para la salud, contra accidentes e incluso seguro de vida. Conozco muchas personas que creen que pueden vivir sin la necesidad de un seguro. ¡Hasta que le ocurre un imprevisto!
De la misma manera hay millones de personas en el mundo que rechazan el seguro que ofrece Jesucristo. Un seguro contra castigo eterno. Todos como seres humanos la Biblia dice que esta es nuestra condición: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,” (Romanos 3:23). Y lo que merecemos es “Porque la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6:23). En pocas palabras, el castigo eterno. Sin embargo, hay una solución a ese problema: Cristo vino y se entregó para salvarnos. Juan dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (3:16-18).
Efesios 1:13-14. dice que inmediatamente que uno obedece el evangelio del Señor Jesucristo uno es sellado con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” Por ende, el cristiano adquiere una garantía. Pablo dice en 1 Corintios 15: 54 al 58 que la muerte no reina sobre los que son de Cristo.
Ahora bien, ¿qué pensaríamos de una persona que reclama la cobertura de un seguro, del cual nunca pagó o incluso del que empezó a pagar pero luego se desentendió porque quiso utilizar sus recursos en otras cosas?
Sin duda, todos pensariamos que es un loco. Para reclamar algo en lo que fue negligente.
Así como los seguros son necesarios y exclusivos, que solo cubren a los que están al día, el cielo también es exclusivo. Dios también tiene sus normas, normas que deben ser obedecidas. Dios tiene sus condiciones y estas son:
- Se necesita de santidad (Hebreos 12:14).
- Mucha obediencia (Hebreos 12:25).
- Anhelar ser salvo (1 Pedro 1:3-4).
- Anhelar la salvación de los demás (2 Timoteo 2:10)
- Amarlo [Dios] sobre toda cosa creada o pasajera (Mateo 22:37).
- No andar en el engaño (Romanos 12:9).
Lo que vemos es temporal, pero lo que no se ve es eterno. Puede que ahora no lo entendamos, pero estamos seguros de que llegará el día en que las cosas que parecen ser de valor, carecerán de valor cuando estemos del otro lado.
Un seguro es un mal necesario, el seguro de Cristo mucho más. No requiere de cuotas mensuales, si el problema con nosotros es el dinero. Además Cristo, prometió morada en el cielo para los que le siguen (Juan 14:1-2). Atrévase a hacer el esfuerzo, que de seguro podrá darle tranquilidad.
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